Traer un tema tan aparentemente ‘off topic’ implica una concepción del Diseño y de las disciplinas de proyecto. Todos los temas de la cultura están vinculados al Diseño, ignorar esto y pretender salir del paso siguiendo modas o tomando acríticamente formas del pasado, de la tradición o de una aparente y superficial ‘voluntad propia’ o ‘visión interna’ romántica no es un buen método, y produce formas vagas, inútiles y fugaces.

Sandro Botticelli - La Mappa dell'Inferno

Desde que leí la Divina Comedia me quedé entre mis favoritos con el pasaje del final del Infierno, primera ‘Cántica’ de la obra de Dante Alighieri. En él Virgilio conduce a Dante desde el fondo del Infierno hasta el Purgatorio. El averno está presidido por un Satán airado clavado en su base, que agita furiosamente sus alas produciendo la congelación de todo lo que le rodea.

En la concepción de Dante -visión de las élites cultas europeas- la violenta caída del ángel Lucifer produjo un enorme cráter en la Tierra, físicamente situado al sur de Jerusalén. Este cráter cónico tenía su simétrico en el lado opuesto, podemos suponer que por la expulsión de material por la reacción del impacto; la salida estaba situada más allá de las islas Canarias, al otro lado de la tierra, auténtico fin del mundo entonces. Al lado una montaña iniciaba la ascensión al cielo, pero si mi memoria no falla de la montaña Dante no da más detalles.

Por supuesto para los cultos la Tierra era esférica, concepción que no se molestaban en tratar de explicar a la gente. La suposición de que el agujero cónico con dos ramas es efecto de la reacción es mía, no sé -no creo- que la física del siglo XIV llegara a tanto, pero. El cono de dos ramas es una idea muy abstracta.

En ese vértice, al fondo del Infierno y del Purgatorio a la vez, está clavado Satán. Dante aclara que está en el mismo centro de la tierra.

 

Lucifer de Dante por Cornelis Galle

Una vez que hubimos avanzado lo bastante
para que a mi Maestro le placiera  mostrarme
la criatura que tuvo el bello semblante,
se quitó delante de mí y me detuvo,
he aquí a Dite, me dijo, y aquí el lugar
donde importa que de fortaleza te armes.
Cómo entonces quedéme helado y sin voz,
no me preguntes, lector, porqué no lo describo,
porque todo discurso sería poco.
Yo no morí y no quedéme vivo;
piensa ahora por ti, si tienes mucho ingenio,
qué vine a ser, no siendo lo uno ni lo otro.
El emperador del doloroso reino
del medio pecho salía fuera de la helada,
y mejor con un gigante me comparo
que los gigantes no lo harían con su brazo:
juzga entonces cuánto ha de ser en su todo,
que con esta parte se compara.
Si él fue tan bello como feo es ahora,
y contra su hacedor alzó las cejas,
bien es que proceda de él todo luto.
¡Oh cómo parecióme maravilla grande
cuando vi tres caras en su testa!
Una delante y era bermeja,
las otras eran dos, que a aquella se unían
de cada hombro en el medio,
y se juntaban en el lugar de la cresta:
y la derecha parecía entre amarilla y blanca,
la izquierda a la vista era tal cuales son
los que vienen de donde el Nilo se encauza.
Debajo de cada una salían dos grandes alas,
como convenía a un tal pajarraco:
velas marinas no vi yo nunca tales.
No tenían plumas, mas de murciélago
era su estilo; y apantallaban
de forma que tres vientos salían de ellas:
por eso todo el Cocito se congela.
Con sus seis ojos lloraba, y por sus tres mentones
caía el llanto y la sangrienta baba.
En cada boca trituraba con los dientes
a un pecador, como machacándolo,
y así a tres de ellos sufrir hacía.
Al de adelante, la mordedura le era poco,
ante el rasgar, que muchas veces la espalda
le dejaba con la piel desgarrada.
Aquel de allá arriba que sufre mayor pena,
dijo el Maestro, es Judas Iscariote,
que la cabeza tiene adentro, y afuera agita las piernas.
De los otros dos que están cabeza abajo,
el que cuelga de la trompa negra es Bruto;
¡Mira cómo se retuerce, sin decir palabra!;
y el otro es Casio, que parece tan membrudo.
Pero renace la noche, y ya es hora
de partir que ya hemos visto todo.
Como lo quiso, a su cuello me abracé,
y él eligió el momento y el lugar justo,
y cuando las alas estuvieron bien abiertas,
se prendió de las vellosas costillas;
de pelo en pelo abajo descendió luego
entre el hirsuto pelo y las heladas costras.
Cuando llegamos al sitio donde nace
la pierna, sobre el grueso del anca,
el Conductor, con fatiga y con angustia,
volvió la testa hacia donde tuviera las zancas
y aferróse al pelo como el que sube,
de modo que al infierno creía yo estar retornando.
Está bien atento, que por esta escala,
dijo el Maestro, jadeando como hombre exhausto,
conviene alejarnos de tantos males.
Después salió afuera por la brecha de una roca,
y púsome sobre el borde a que me sentara;
luego junto a mi detuvo el prudente paso.
Yo levanté la viste y creía poder ver
a Lucifer como lo había dejado
y lo vi con las piernas hacia arriba;
y si debí entonces quedar trastornado,
júzguelo la grosera gente, que no percibe
cual es aquel punto por el que había pasado.
Álzate, dijo el Maestro, de pie,
la ruta es larga y el camino áspero,
y ya el Sol a media tercia se acerca.
Quando noi fummo fatti tanto avante,
ch’al mio maestro piacque di mostrarmi
la creatura ch’ebbe il bel sembiante,
d’innanzi mi si tolse e fé restarmi,
“Ecco Dite”, dicendo, “ed ecco il loco
ove convien che di fortezza t’armi”.
Com’io divenni allor gelato e fioco,
nol dimandar, lettor, ch’i’ non lo scrivo,
però ch’ogne parlar sarebbe poco.
Io non mori’ e non rimasi vivo;
pensa oggimai per te, s’ hai fior d’ingegno,
qual io divenni, d’uno e d’altro privo.
Lo ’mperador del doloroso regno
da mezzo ’l petto uscia fuor de la ghiaccia;
e più con un gigante io mi convegno,
che i giganti non fan con le sue braccia:
vedi oggimai quant’esser dee quel tutto
ch’a così fatta parte si confaccia.
S’el fu sì bel com’elli è ora brutto,
e contra ’l suo fattore alzò le ciglia,
ben dee da lui procedere ogne lutto.
Oh quanto parve a me gran maraviglia
quand’io vidi tre facce a la sua testa!
L’una dinanzi, e quella era vermiglia;
l’altr’eran due, che s’aggiugnieno a questa
sovresso ’l mezzo di ciascuna spalla,
e sé giugnieno al loco de la cresta:
e la destra parea tra bianca e gialla;
la sinistra a vedere era tal, quali
vegnon di là onde ’l Nilo s’avvalla.
Sotto ciascuna uscivan due grand’ali,
quanto si convenia a tanto uccello:
vele di mar non vid’io mai cotali.
Non avean penne, ma di vispistrello
era lor modo; e quelle svolazzava,
sì che tre venti si movean da ello:
quindi Cocito tutto s’aggelava.
Con sei occhi piangëa, e per tre menti
gocciava ’l pianto e sanguinosa bava.
Da ogne bocca dirompea co’ denti
un peccatore, a guisa di maciulla,
sì che tre ne facea così dolenti.
A quel dinanzi il mordere era nulla
verso ’l graffiar, che talvolta la schiena
rimanea de la pelle tutta brulla.
“Quell’anima là sù c’ ha maggior pena”,
disse ’l maestro, “è Giuda Scarïotto,
che ’l capo ha dentro e fuor le gambe mena.
De li altri due c’ hanno il capo di sotto,
quel che pende dal nero ceffo è Bruto:
vedi come si storce, e non fa motto!;
e l’altro è Cassio, che par sì membruto.
Ma la notte risurge, e oramai
è da partir, ché tutto avem veduto”.
Com’a lui piacque, il collo li avvinghiai;
ed el prese di tempo e loco poste,
e quando l’ali fuoro aperte assai,
appigliò sé a le vellute coste;
di vello in vello giù discese poscia
tra ’l folto pelo e le gelate croste.
Quando noi fummo là dove la coscia
si volge, a punto in sul grosso de l’anche,
lo duca, con fatica e con angoscia,
volse la testa ov’elli avea le zanche,
e aggrappossi al pel com’om che sale,
sì che ’n inferno i’ credea tornar anche.
“Attienti ben, ché per cotali scale”,
disse ’l maestro, ansando com’uom lasso,
“conviensi dipartir da tanto male”.
Poi uscì fuor per lo fóro d’un sasso
e puose me in su l’orlo a sedere;
appresso porse a me l’accorto passo.
Io levai li occhi e credetti vedere
Lucifero com’io l’avea lasciato,
e vidili le gambe in sù tenere;
e s’io divenni allora travagliato,
la gente grossa il pensi, che non vede
qual è quel punto ch’io avea passato.
“Lèvati sù”, disse ’l maestro, “in piede:
la via è lunga e ’l cammino è malvagio,
e già il sole a mezza terza riede”.

Dante_f48v

 

Virgilio carga a Dante en sus hombros y desciende por el costado de Satán, agarrado a su pelo. Al llegar al punto medio del recorrido “volvió la testa hacia donde tuviera las zancas/ y aferróse al pelo como el que sube,/ de modo que al infierno creía yo estar retornando.” Es decir, se da la vuelta y comienza a subir, pero en la dirección contraria. Para nosotros pensar que en el mismo centro de la Tierra la dirección de la gravedad se invierte tiene lógica, no se va lejos de lo que podemos pensar; para el medieval debía de ser casi inconcebible.

Dante aclara:

“Io levai li occhi e credetti vedere
Lucifero com’io l’avea lasciato,
e vidili le gambe in sù tenere;

e s’io divenni allora travagliato,
la gente grossa il pensi, che non vede
qual è quel punto ch’io avea passato.”

“Yo levanté la viste y creía poder ver
a Lucifer como lo había dejado
y lo vi con las piernas hacia arriba;

y si debí entonces quedar trastornado,
júzguelo la grosera gente, que no percibe
cual es aquel punto por el que había pasado.”

La gente bruta como yo podía no entender esa concepción del espacio: la gravedad no tenía una dirección universalmente vertical, sino que la dirección era relativa a un centro hacia el que confluían las cosas al caer. Como soy muy bruto además interpreto las palabras de Dante de un modo más radical: la inmortal pareja baja por el hueco de la ingle y da la vuelta cuando pasa por los mismo genitales del Maligno.

Y mi interpretación no es pueril (no del todo), creo que la imagen dantesca oculta una teoría del cambio y que es literalmente un cambio revolucionario: lo que está derecho pasa a estar patas arriba. Pero para poder cambiar de puntos de vista hay que descender al mismo fondo del infierno, al mismo centro del demonio, y ahí es en el único lugar donde se puede dar la vuelta y encontrar un camino de salida, duro, pero nuevo.

Satán según William Blake.

William Blake, Satán en el fondo. El demonio de Blake tiene casi la postura que da Miguel Ángel a su Cristo en la Pietà Rondanini.

 

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