Wubbo Ockels SuperbusNo soy partidario de desechar una idea sin haberla examinado. Pero hay ideas que no resisten un examen mínimo, y que no deberían pasar de unos dibujos o una maqueta.

El antiguo astronauta e ingeniero holandés Wubbo Ockels ha probado qué pasaría si hacemos la simple mezcla de dos conceptos, ‘súpercar‘ y autobús. El resultado obvio ya estaba circulando por ahí, y como en los aviones de pasajeros de súperlujo consistía en tomar lo mejor de la industria del transporte colectivo y rellenarlo de lujo. Obvio, pero eficaz.

Wobbo Ockels ha tomado un camino inverso, reformar un súpercoche para que quepan más de dos. El resultado es este crustáceo (dicho con respeto y cariño hacia todos los crustáceos).

El resultado es el previsible, un mostruo. Abajo tenéis las imágenes. Es difícil definir con palabras.

Lo primero, un conductor profesional se enfrentaría a un reto, el de mover un vehículo extra largo, perdiendo la referencia que da estar a más de dos metros del suelo, como en los autobuses convencionales. Puede circular por calles anchas, pero no las de los centros de la mayoría de las ciudades europeas. Y un tráfico normal empieza a ser una tarea realmente difícil, es complicado imaginarlo en Madrid, no quiero pensar en circular por Roma.

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Superbús de Wubbo Ockels

El consumidor puede tener un punto de vista algo más complejo. El comprador no va a utilizarlo, salvo para llevar un harén. El cliente exclusivo quiere un coche de cuatro plazas, más el chófer delante, o de dos plazas sin sitio para más. De modo que seguramente el cliente real será distinto del usuario, lo comprará el empresario de turismo para dar una ‘experiencia’ a clientes que, si no va en el paquete, no pagarían por ella. Por ejemplo, el traslado de un equipo deportivo, o de un equipo empresarial, desde un aeropuerto a un hotel.

Por lo demás, simple exceso. Ni siquiera admite la modularidad, así que cada una de sus puertas y ventanillas es diferente.

El interior permite cierta flexibilidad de la distribución, pero no cuenta con virtudes de los autobuses más lujosos como el aseo y el pasillo; o algo tan obvio como espacio extra para equipajes. Un autobús será siempre un autobús.

En fin, un crustáceo nuevo en la carretera, y un procedimiento de diseño que produce más problemas de los que soluciona.

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