Rizoma es una pequeña empresa italiana basada en el diseño, centrada en los accesorios para moto y en una bicicleta bastante especial, la Metropolitan Bike MK1. Este primer modelo está agotado y tiene en el mercado su sucesora, la 77/011.

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Sencillez

La principal aportación de la Metropolitan es su sencillez. Una idea para el cuadro en diamante que elimina la barra del sillín, reforzando cuidadosamente el rombo resultante, que acaba teniendo una forma curvada. Las barras tienen un perfil muy complejo, lo que obliga a fabricar a mano con molde. Cada detalle ha sido apurado al máximo, y aparte de los componentes que se compran a otros fabricantes, que se llevan una buena parte del precio final de una bicicleta, muchos han sido diseñados expresamente por ellos. Llama la atención el cuidado del manillar, la biela o el sillín, por ejemplo. Pero detalles menos evidentes como la puntera trasera (del que los fabricantes presumen) también tienen un grado muy alto de cuidado.

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El público al que se dirige es muy concreto: un profesional que se mueve por su ciudad y quiere (y puede pagar) una bici de lucir que no sea marcadamente deportiva. La elección de ese segmento implica varias opciones relacionadas, y varias renuncias. Todo muy radical. La trasmisión es por correa de goma. No tiene marchas, no incorpora tampoco la ayuda de un motor. En la versión actual parece que se puede elegir entre una trasmisión fija y una marcha única -con rueda libre-. Tiene un sólo accesorio opcional, un retrovisor. Naturalmente las opciones de color son mínimas, tendiendo al blanco y el negro, con el carbono muy a la vista.

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Una bici irreal, vacía, hecha para lucir en el vestíbulo del loft

La página web muestra la estética a la que quiere referirse Rizoma: una pareja de yuppies interracial en una casa/decorado. Nos siguen mostrando una mujer objeto, no es por nada, el que hace algo es él. Muy lejos de una típica página sobre bicicletas deportivas o de entretenimiento. El precio está en relación directa con el mercado al que se dirige, unos 4700 €. Un poco excesivo para una bici sin marchas. Y sin marchas no parece un diseño específicamente ciudadano, o tipo commuter (complementaria del transporte público). No es plegable ni pretende ocupar poco espacio, y carece de guardabarros, portabultos ni otros complementos; no tiene asistencia eléctrica. Pensándolo un poco resulta difícil pensar en qué circunstancias montaríamos el chisme. Si Rizoma fuera una empresa mayor este modelo parecería una operación de prestigio, pero no: es un capricho, cumbre del styling, dirigido a un público concreto. El styling es ese formalismo vacío que relacionamos con los cromados y la aletas de los coches norteamericanos de posguerra, y con el diseñador norteamericano Raymond Loewy. Muy mono, sin duda, a los diseñadores europeos nos produce sarpullío. Se puede rescatar el concepto y el uso de los materiales, que ellos solos generan la estética del cuadro. Pero sin guardabarros no me voy a creer lo que pretenden.

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